iShares € Inflation Linked Bond ETF
El reciente aumento de la inflación ha servido de útil recordatorio a los inversores a muy largo plazo: es necesario protegerse bien frente a las sorpresas de la inflación.
Durante el último año se registró un aumento imprevisto de la inflación en todo el mundo. Europa no escapó a esta tendencia y la inflación en la mayoría de los países de Europa Occidental supera los objetivos de los bancos centrales. Al mismo tiempo, la rápida desaceleración del crecimiento económico y el descenso asociado de los precios de las materias primas obligaron a los bancos centrales a no subir los tipos de interés (como el Banco de Inglaterra) o, en el peor de los casos, a optar por una subida de tipos preventiva (caso del BCE). Los bancos centrales se enfrentaban a un auténtico dilema: por una parte, tenían el firme propósito de evitar la inflación con su atrincheramiento, pero, por otra se enfrentaban a un declive económico rápido que exigía una relajación de la política monetaria y que incluso llevó a algunos comentaristas a evocar el riesgo de regreso de la estanflación que experimentamos en la década de 1970. Richard Urwin, Director Global de Análisis Económico y Asset Allocation de BlackRock cree que no se ha tenido en cuenta el hecho de que el aumento de la inflación global se ha debido esencialmente a la importante subida de los precios de las materias primas y, en especial, de la energía. Aunque esta evolución produjo un aumento sustancial de la inflación general, debemos señalar que, incluso antes de los recientes acontecimientos del mercado, la inflación subyacente se mantenía relativamente moderada en los países desarrollados, con un crecimiento de los salarios y unos costes laborales bastante controlados. El panorama es algo diferente en los mercados emergentes, donde los precios de los alimentos y la energía suponen una mayor proporción de los índices de precios al consumo y, por lo tanto, se ha observado algún impacto sobre la inflación subyacente. Históricamente, la inflación determinada por los precios de las materias primas es un reflejo de la fortaleza de la demanda, pero también de las limitaciones de la oferta. Desde el punto de vista de la inflación, Urwin dice que es importante saber cuál de los dos factores es el dominante. En la década de 1970, las limitaciones de la oferta fueron el factor que impulsó el aumento de la inflación determinada por las materias primas. Esta vez, la subida de los precios de las materias primas y, por extensión, la inflación general, se ha debido esencialmente al exceso de demanda derivado del rápido crecimiento de las economías emergentes. En otras palabras, la escalada de la inflación no ha sido el resultado de un cambio en el régimen de inflación moderada que hemos disfrutado durante la última década, sino una respuesta “normal” a un crecimiento superior al potencial, unida a unas políticas monetarias expansionistas en muchos países. Por lo tanto, el brusco descenso de los precios de las materias primas conducirá naturalmente a una inflación más baja en las economías desarrolladas y, en menor medida, en las emergentes. La confusión sin precedentes que hemos sufrido en el último mes acelerará significativamente esta tendencia y los bancos centrales de todo el mundo podrán realizar ahora unos recortes de tipos de interés muy necesarios, afirma Urwin. Así pues, si bien el efecto rezagado significa que las tasas actuales de inflación general aún son altas, la inflación de hecho ha desaparecido como problema macroeconómico, dado que las economías desarrolladas de todo el mundo se enfrentan ahora a un periodo prolongado de recesión o crecimiento muy débil. Y, aunque es probable que el crecimiento resista mejor en las grandes economías emergentes, la inflación no obstante empieza a preocupar menos. De hecho, ya se ha producido cierta relajación monetaria en China, y es probable que otros países sigan su ejemplo. Así pues, ¿qué significa todo esto para el escenario de la inflación a largo plazo? Para Urwin la incertidumbre reinante dificulta enormemente la predicción exacta de lo que puede suceder. Sin embargo, contrariamente a lo que algunos indican, no cree que nos estemos encaminando hacia un escenario de deflación como el registrado por Japón después de la crisis bancaria de la década de 1980. Sin ninguna duda, las tensiones actuales del sistema financiero y los mercados están teniendo un efecto desinflacionista, pero las inyecciones masivas de capital público, acompañadas de políticas monetarias expansionistas, reflacionarán eventualmente la economía, siempre que se aborden las causas últimas de la crisis actual. Urwin señala que este último punto es esencial: precisamente, el prolongado declive de Japón se debió a que tanto las autoridades como las instituciones financieras se negaron a reconocer la magnitud de los problemas y no comenzaron a tomar medidas terapéuticas hasta un año después de iniciada la crisis. Aunque está claro que aún queda mucho por hacer para estabilizar totalmente el sistema financiero, las autoridades estadounidenses, y cada vez más las europeas, reconocen sus responsabilidades. Es importante señalar que comienzan a abordar las causas últimas de la crisis, y no sólo a reaccionar de manera poco sistemática. La implicación de los gobiernos también está facilitando el proceso largo y doloroso de saneamiento de los bancos y su recapitalización o fusión con competidores más sólidos. Los precedentes históricos demuestran que las crisis bancarias pueden resolverse de este modo, y que estas medidas proporcionarán eventualmente el marco para una recuperación económica a largo plazo. Hasta que eso suceda, es probable que la inflación se mantenga en un nivel moderado pero positivo. En resumen, Urwin considera que el marco de inflación a largo plazo seguirá siendo benigno y que el cambio de régimen de inflación no es inminente. En su opinión, la rápida escalada de la inflación general, y ahora su desaceleración, tienen un carácter esencialmente cíclico. El reciente aumento de la inflación ha servido, no obstante, como útil recordatorio de que los inversores a muy largo plazo, como los planes de pensiones/organizaciones benéficas, necesitan considerar detenidamente la necesidad de protegerse frente a las sorpresas de la inflación a la hora de decidir su asignación de activos. La respuesta específica dependerá de las circunstancias individuales de cada plan (marco regulatorio, perfil propio de obligaciones, fortaleza del convenio con el patrocinador, etc.). Por regla general, sin embargo, considera que los planes deberían tener en cuenta la función de los activos que pueden tener características ligadas a la inflación, como los inmuebles (especialmente, cuando los contratos de arrendamiento están vinculados a la inflación), la renta variable, las materias primas (incluido el oro) y otros activos alternativos, como las infraestructuras o la silvicultura. Cuando es necesaria una cobertura directa contra la inflación, los planes pueden recurrir a bonos estatales ligados a la inflación, si existen, o a swaps que contribuyan a aportar un nivel de protección adecuado. Dado que los mercados han descontado un nivel más bajo de inflación en el futuro, el coste de comprar esa protección puede ahora resultar más atractivo. Los inversores también pueden comprar bonos ligados a la inflación, el aspecto clave de estos activos es que el valor nominal está ligado a la inflación, así que el principal aumenta según crece el Índice de Precios al Consumo (IPC). Por ejemplo, si un bono se emitió a 100 euros y al vencimiento (cuatro años) la inflación acumulada es del 12% (3% anual) el inversor recibe 112 euros, en lugar de 100. Esto demuestra que las fluctuaciones de la inflación se recogen en el precio del bono. Además, generalmente, estos bonos ofrecen un cupón de rentabilidad adicional, que es un porcentaje fijo del principal. Los bonos ligados a la inflación son una opción de renta fija atractiva, siempre que se invierta a un plazo medio razonable. Es un producto adecuado para inversores que no quieren preocuparse por lo que pueda pasar con la inflación. Este tipo de inversión puede también realizarse a través de ETF. Entre ellos “iShares € Inflation Linked Bond ETF”, un ETF que proporciona exposición a bonos "inflation linked" expedidos por gobiernos de la zona EURO. Este ETF se puede usar para evitar el riesgo inflación en una cartera. El fondo se lanzó en noviembre de 2005. En 2008 consigue una rentabilidad del 3,2% y a un año acumula un 5%. Utiliza como referencia el índice Barclays Euro Government Inflation Linked Bond. La inversión mínima es una acción y tiene una comisión de gestión del 0,25%. La duración media ponderada es de 9,86 años. Fuente: Barange Asesores Imagen Reason for Liberty
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